Filosofía de la mañana |
Nacidos de los misterios de la mañana, piensan en qué pueden dar al día, entre la décima y duodécima campanada, una faz pura, tan luminosa, tan radiante de claridad: buscan la filosofía de la mañana. (F. N.) |
Siguiendo con el rastreo de referencias en los medios digitales, al menos,de dos filósofos que me importan y creo que su pesamiento es poderoso. Google Trends ayuda a aclarar cuál de los dos autores ha sido más citado en los acervos de Google de 1970 a 2008. Confrontando a Walter Benjamin y a Gilles Deleuze con esta herramienta digital se observa como se cita más al primero.

Ya usando otra herramienta de Google, Ngram, y comparando igualmente las referencias hechas entre 1970 y 2008 a Gilles Deleuze y Walter Benjamin, se obtiene una tendencia parecida a favor del segundo.

Estos ratreos sólo son muestreos, índices, síntomas de algo que no logro determinar…

Comparar los intentos de otros con expediciones navales en las que el polo norte magnético desvía los barcos. Encontrar ese polo norte. Lo que para otros son desviaciones, para mí son los datos que determinan mi rumbo. -Sobre los diferenciales de tiempo, que para otros perturban las “grandes líneas” de la investigación, levanto yo mi cálculo.

Walter Benjamin. “Teoría del conocimiento, teoría del progreso”



Izquierda o derecha políticas hipertrofian la función de la educación. Todo, se supone, puede la educación:
“La organización debería ser organización popular sustentada en la educación, como el mecanismo que permite modificar la naturaleza humana. La educación comprendida como la base y el fundamento de un nuevo sistema social y político basado en una suerte de progreso moral, donde los seres humanos adquirirían consciencia de las injustas relaciones económicas de la sociedad del capital, que van distorsionando el espacio social donde básicamente se configura el ser humano, por lo tanto, el objetivo fundamental de la educación seria generar las condiciones para una buena sociedad, entendiendo por ella una estructura creada para que la gente viva feliz.”

“Educación y felicidad”
En verdad, hay una manera de vestir propia del filósofo, y otra de los profanos, como hay una forma de sentarse a la mesa, unos gimnasios, unos baños y el resto del régimen de vida. El que sigue y practica estos métodos debe pensar como quien tiene puesta su atención en la filosofía. Pero el que no se distingue por ninguno de estos detalles y no es en absoluto distinto de la mayoría, no debe ser considerado como uno de los filósofos, aunque, ante la asamblea de los atenienses, o de los megarenses o delante de los reyes de Esparta, diga mil veces y proclame que se dedica a la filosofía. Al contrario, debemos recluir a ese hombre entre los impostores, los insensatos y los libertinos.

Sin embargo, no es imposible ser músico sin realizar actividades musicales. Porque la música no obliga a prestarle siempre la atención y a no apreciar otras cosas. Al que es astrónomo nada le impide criar gallos o jugar a los dados. Pues la astronomía no es ningún obstáculo para dejar de hacer lo que conviene. Y, por Zeus, no es nada sorprendente ver a un hábil jinete, o a un buen timonel, o a un agrimensor o a un crítico literario junto a las cortesanas o a las tocadoras de flauta. Pues el tener estos conocimientos no hace mejor al alma del hombre ni la aparta de sus errores. En cambio, el que se dedica a la filosofía y participa de sus conocimientos, nunca podría apartarse de las conductas mejores ni, descuidándolas, preferiría hacer algo vergonzoso y vulgar, ni ser un perezoso, ni un glotón ni un borracho. Pues la filosofía consiste en no admirar esas cosas y en arrancar del alma el deseo de hacerlas y, por el contrario, en llevarla a una actitud de aversión y condena. Sin embargo, nada impide quizá que alguien diga que se dedica a la filosofía y sea un impostor, y se engañe a sí mismo y a los demás.

Dión de Prusa, “Sobre la filosofía”, en Discursos LXI-LXXX. Trad. de Gonzalo del cerro Calderón. Madrid, Gredos, 2000, pp. 118.
He rastreado.
Recuerdo en mi examen profesional, me preguntaban: “¿crees que el pensamiento de Gilles Deleuze sea apropiable para ser banalizado y usado contra lo que pretendía? ¿Crees que su pensamiento pueda ser reusado por mecanismos de apropiación del mercado o de algún mecanismo autoritario?” La pregunta me hacía dudar un poco. Respondí, casi a tientas, que no.
Desde entonces he seguido investigando, leyendo y pensando, usando su pensamiento. Pero también el de Walter Benjamin. Y algo me ha sorprendido. He usado Google y su rastreo de noticias para saber quién de ambos pensadores era más citado en los medios masivos de información. Y es interesante ver que Gilles Deleuze es poco citado en artículos periodísticos o de investigacón más o menos mediáticos. Uno de los pocos artículos a los que Google noticias me ha mandado es a uno que se llama “Gilles Deleuze: el filósofo como educador”.

Mientras que para Walter Benjamin Google noticias cada semana me arroja de diez a quince referencias en artículos periodísticos o de opinión. Ejemplos: “Dime cosas sucias al oído”, “Las izquierdas y el fin del capitalismo” o “La hora crítica”. Incluso se lo cita en artículos sobre futbol: “El ángel de la historia”.

Alguien podría sacar muchas conclusiones de allí: relación contexto/estilo de escritura, importancia y relevancia de un pensamiento, implicaciones históricas de un pensamiento, circunstancia kairológica del pensmaiento, etcétera. Pero sigo pensándolo…
Leo esto:
“Maestro es el que enseña a aprender, a preguntar y a buscar respuestas. Nuestras abuelas decían ‘que el niño se enseñe a…’ Porque la educación es a fin de cuentas resultado de procesos internos. […] Si queremos modernizar la escuela básica, a la luz de los más recientes hallazgos de las neurociencias, hay que diseñar una escuela alegre, hay que convertir la idea de felicidad en un paradigma pedagógico.”

Dos cosas me llaman la atención:
1) la pretensión de que las abuelas usaban conocimientos sobre la educación que las neurociencias después fundamentarán –especie de creencia de una naturaleza ahistórica de las capacidades humanas-; y
2) la pretensión de que hay que modernizar científicamente la educación –especie de deseo actual de rendir la educación a la ciencia, dejando de lado ya para siempre el saber educativo.
Andrea Bárcena, “Infancia y Sociedad”

Como deben saber, el siglo XVIII sólo tomó conciencia de ese cambio considerable del disciplinamiento de los saberes y de la eliminación, por consiguiente, del discurso filosófico actuante en la ciencia y del proyecto de mathesis interno a las ciencias, en la forma de un progreso de la razón. Pero creo que si captamos con claridad que debajo de lo que se denominó progreso de la razón lo que se producía era el disciplinamiento de saberes polimorfos y- heterogéneos, podremos comprender una serie de cosas. En primer lugar, la aparición de la universidad. No la aparición en sentido estricto, desde luego, porque las universidades tenían su función, su papel y su existencia desde mucho antes. Pero a partir de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX -la creación de la universidad napoleónica se sitúa exactamente en esos momentos-, aparece algo que es como una especie de gran aparato uniforme de los saberes, con sus diferentes etapas y sus diferentes prolongaciones, su escalafón y sus pseudópodos. La universidad tiene, en principio, una función de selección, no tanto de personas (que en esencia no es muy importante, después de todo) como de saberes. Y ejerce ese papel por la especie de monopolio de hecho, pero también de derecho, que hace que un saber que no haya nacido, que no se haya formado dentro de esa suerte de campo institucional -de límites relativamente fluctuantes, por lo demás, pero que constituye en líneas generales la universidad y los organismos oficiales de investigación-, el saber en estado salvaje, el saber nacido en otra parte, quede, de entrada y de manera automática, no digamos que totalmente excluido, pero sí al menos descalificado a priori. Desaparición del sabio aficionado: un hecho conocido en los siglos XVIII y XIX. En consecuencia, papel de selección de la universidad, selección de los saberes; papel de distribución de la posición, la calidad y la cantidad de los saberes en diferentes niveles; ése es el papel de la enseñanza, con todas las barreras existentes entre las diferentes etapas del aparato universitario; papel de homogeneización de esos saberes mediante la constitución de una especie de comunidad científica con status reconocido; organización de un consenso; y, por último, centralización, por su carácter directo o indirecto, de aparatos de Estado. La aparición de algo como la universidad, con sus prolongaciones y sus fronteras inciertas, se comprende entonces, a principios del siglo XIX, a partir del momento en que se efectúa justamente esa disciplinarización de los saberes, su disciplinamiento.
Michel Foucault, Defender la sociedad.


Analizar lo que sí pasa en la práctica del acto educativo en una circunstancia determinada.
Luego dicen que no hipertrofian la función de las humanidades y de la filosofía:
“El fin de las humanidades es dignificar lo humano y el de la educación formar seres integrales, siendo las humanidades las encargadas de articular y darle sentido social al conocimiento. Por eso reivindicar las humanidades, en general presupone incluir una forma particular de dignificación humana, no hacerlo, es legitimar todas las formas de violencia que se manifiestan en nuestra sociedad y subestimar la capacidad de todos aquellos que han dedicado su vida a la construcción de un mundo mejor. A la cabeza de esta reflexión está la filosofía, la más humana de las humanidades.”

Si no eres estudiante puedes acercarte a los consejos de las facultades, o bien dirígete al grupo de FB “Comité de Estudiantes de Posgrado de la...
Jacques Derrida’s room of his published books in his home in Ris Orange, France, 2001
Los astros no estaban contigo.