Filosofía de la mañana |
Nacidos de los misterios de la mañana, piensan en qué pueden dar al día, entre la décima y duodécima campanada, una faz pura, tan luminosa, tan radiante de claridad: buscan la filosofía de la mañana. (F. N.) |
Asistí el día de hoy, 14 de noviembre de 2011, a la primera sesión, realizada en el auditorio Jaime Torres Bodet del Museo de Antropología e Historia, del Foro Internacional: El papel de las competencias filosóficas en la Educación Media Superior y hay varias sensaciones que quisiera consignar –y no porque las esperara, sino porque las esperaba.
Primero, me parece interesante, en relación con las condiciones que han determinado la organización del Foro, que la Subsecretaría de educación media superior (SEMS) lo haya organizado. No porque comparta el proyecto, no porque descubra que se trata de un evento para justificarse ante la OCDE, no porque crea que con ello le responden al Observatorio filosófico mexicano (OFM), sino porque es interesante que una organización del gobierno haga un foro de análisis sobre “competencias filosóficas” cuando no lo han hecho sobre ninguna otra disciplina y sus competencias. Me parece interesante porque ya con ello se puede diagnosticar el sentido que quieren dar a la filosofía y a la educación de la filosofía. Es decir, ya es un síntoma que la SEMS solamente organice un foro para debatir exclusivamente lo que debe ser la filosofía en la educación media superior (EMS). Digámoslo así: la SEP tiene interés en la filosofía. El subsecretario Miguel Ángel Martínez argumentó claramente esto. Arguyó, en términos constitucionales, que el artículo tercero de la constitución exigía desarrollar de forma armoniosa las capacidades de la persona –esto debe entenderse como el desarrollo de ciudadanos que puedan ser respetuosos, solidarios, incluyentes, participativos, tolerantes e innovadores, en ámbitos de cultura globalizada y multiculturales. Y, sostuvo, sólo la filosofía y las humanidades podían hacer eso. Y agradeció al OFM y a la comunidad filosófica el haber insistido en la explicitación del sentido filosófico de la Reforma integral de la educación media superior (RIEMS). Y nos señaló a los asistentes que la tarea que seguía era 1) determinar los mejores contenidos para esa tarea; 2) determinar la metodología para llevar a cabo la armonía de las facultades del individuo; y 3) formar docentes de acuerdo a las exigencias de la RIEMS.
Y es que era de esperarse: la mayoría de los ponentes y panelistas repetían a coro este discurso que establece la función y el sentido de la filosofía. No era de extrañar que no hubiera grandes discusiones sobre el sentido de la filosofía en la EMS y que sólo se discutieran nombres de las materias y pseudometodologías de cómo hacer a alguien ciudadano y construirlo como un pensador que ya de por sí –por sólo ser humano- es. Ricardo Guerrero, representante de la UNESCO, llegó a decir que el “verdadero filósofo” era el “hombre simple” que podía “soñar sin naturaleza”. O Teresa de la Garza que en su lección de historia de filosofía agregó que para comenzar a filosofar con los adolescentes se debe hacer uso de sus experiencias, pues “todos los días los jóvenes se enfrentan a situaciones de injusticia”. Claro que no señaló por qué los jóvenes experimentaban esas situaciones, y tampoco señaló si los jóvenes podían percibir o decir esas situaciones como injustas. Así, se escuchaban armoniosas propuestas de que la filosofía servía para “formar personas” y “construir sociedades” –cosa que al OFM no le molesta. Y es que, se sostenía, la RIEMS ha recogido la mejor tradición de la filosofía occidental y del pensamiento de los pueblos. No se trataría de una usurpación, ni de una degradación, sino que se trataría de la forma de educar perenne y de la filosofía eterna. Y en el caso del primer tema a debatir, unas supuestas “competencias filosóficas”, los panelistas asumieron que existían y se dirigió la discusión a que se separara el campo de las humanidades del de las ciencias sociales. Sólo Héctor Zagal fue el único que se atrevió a disentir y dijo que el prefería una educación “humanista tradicional” con latín y griego, y que no entendía el uso de competencia en la filosofía si existía el concepto de virtud. Y es que es interesante que el Foro se centre en el “papel de las competencias”, cuando antaño se discutía sobre la tarea del docente o de la recepción de los alumnos. Es interesante porque señala lo que la SEMS espera de la filosofía en la EMS.
Todo ello, en ese unánime discurso de que ya sabemos para que sirve la filosofía y sólo tenemos que encontrar como hacerle para transmitirlo a los alumnos y convertirlos en ciudadanos, deja traslucir siguientes síntomas:
1) No hay discusión filosófica o se deshistoriza la enseñanza y la práctica de la filosofía –incluso Horacio Cerutti trató de unir lo que quiere hacer la RIEMS en términos pedagógicos, acercando a los adolescentes a una práctica vital de la filosofía, con el pensamiento filosófico que supuestamente llevar a cabo los movimientos independentistas y revolucionarios que fundaron los estados-nación en América latina. 2) Pocos participaron que tengan experiencia docente en la EMS (dos docentes, más interesados en saber de qué se trataba la RIEMS o en el programa de las materias). Lo que lleva a repetir los lugres comunes: “hay que comenzar por la experiencia de los alumnos”, “enseñar a filosofar y no a hacer filosofía”, “hay que hacer éticos a los alumnos y no hombres ligths”, “el mejor método es el socrático”, “se trataría de hacer ciudadanos críticos, y que mejor herramienta que la filosofía”, etcétera. Lo que lleva a dejar de lado los problemas reales que los alumnos tienen. Se habla como si no existiera la pobreza, la marginación, la violencia, la crueldad. Sólo son aportes a la mejor puesta en operación de la RIEMS. 3) Una concepción filosófica cercana al desarrollo humano, a la psicología, a la mercadotecnia y a otras disciplinas. Incluso esa pretensión de que lo que seamos los profesores de filosofía sea algo así como manipuladores de las pasiones de los alumnos. Así, se trataría de hacer de la filosofía un “estado de ánimo” –como propuso Francisco Castilla-, y de los profesores unos incentivadores de la curiosidad, de la duda, a la par que mejoramos la autoestima de los alumnos. 4) No se pone a discusión esa exigencia de masificación o democratización de la enseñanza de la filosofía, se asume que somos mejores que los antiguos porque nosotros democratizamos la filosofía –algo que ni el OFM ha puesto en duda en su defensa gremial de los puestos de trabajo de los filósofos. O mejor, ¿qué implica pretender hacer de la filosofía una “herramienta de vida” –como defendía Ruth Padilla- para todos los que cursan EMS? 5) Se nota mucha ignorancia y desconocimiento de la práctica de las humanidades en la EMS. Un panelista, dela Universidad Intercontinental, decía que en su institución se trataba de poner en operación las competencias filosóficas, pero se encontraron con la sorpresa de que la mayoría de quienes daban las materias filosóficas en la EMS no eran egresados de filosofía. La mejor manera de decir lo que pasó, quizás, pueda ser usando una frase que Pedro Montalvo Piedra, del Colbach, dirigió al subsecretario de EMS: “nos pusimos a hacer la tarea”. Y el olvido de las humanidades en la EMS sigue. Por si quieren seguir el evento: